miércoles, 27 de mayo de 2020

ROMPIENDO CADENAS


ROMPIENDO LAS CADENAS
I.
(Aparece Yaqui haciendo limpieza. Se le nota radiante, alegre. El radio tiene mucho volumen. No escucha los toques de la puerta. Por fin, escuchó, y va a la puerta y la abre.)
Yaqui: Hola, chicos, pasen…
(Mary, Soledad y Diana ingresan a la casa, acompañados de Jorge)
Mary: Hola, amiga… tú, hacendosa como siempre …
Yaqui: No creas, Mary…siempre hago esto cuando siento que la vida es interesante.
Diana: Es decir… una vez al año…
Soledad: Ya comienzas, Diana…tú y tus majaderías…
Diana: ¿Majaderías es cuando se dice la verdad?  Y tú bien sabes que el que dice la verdad no miente… ja, ja, ja…
Mary: Ya…ya, chicas…hemos venido a saludar a nuestra amiga ingrata y solitaria…y no a pelear…
Jorge: Así se habla, Mary…
Diana: Y de qué hablamos…ya sé… de sexo…¿de trago o de machos..?
Jorge: Diana…amiga, debemos respetar el sitio íntimo de Yaqui, ¿no crees?…
Yaqui: Bien, chicos…gracias por venir y por recordar lo maravilloso que pasábamos en los estudios…
Jorge: ¿Y no regresarás el próximo semestre?.. ¿A qué te dedicas, amiguita...?
Yaqui: Está por ver si regreso o no… ahora estoy leyendo  libros de escritores malditos…
Diana: ¡Qué?..¡Escritores malditos..?  Yo podría ser una filósofa maldita, ¿no creen?
Mary: Pero si ya lo eres, chica… Yaqui, haber danos una lección de esos escritores malditos…
Yaqui: Pónganse cómodos, chicos… Se trata… de que nosotros…mejor dicho…que hay en este mundo mucha gente que pasa la vida muy fácilmente
Soledad: Yaqui, cómo es eso que la gente pasa la vida muy fácilmente…verdad, que no entiendo…
Yaqui: Amiga, ten paciencia…ya… deben concentrarse…Se trata que la gente quiere vivir de lo fácil, de ilusiones, sueños e ideales de otros…y no aceptan la realidad… por ejemplo dicen: “el amor me hace feliz a mí”…”el amor me hace feliz”…qué disparatadas, por dios…el amor no hace feliz a nadie…son puras bobadas…pero, qué es el amor…¿besos?…¿abrazos?…¿caricias?…¿eso es amor? tonterías, chicos…no es amor aquello material, aquello que se acapara…aquello que te da alegrías pasajeras…chicos, el amor es eterno, profundo y sublime…aquello que te da dios, sin pedirte nada a cambio…aquello que te alegra al sentir que otros son felices…eso es ser feliz…y no como otros lo piensa…que porque me vio con sus ojos bonitos, soy feliz…que porque me besó se calló el mundo y soy feliz…que porque mi pareja es pintona ya soy feliz…que porque mi mamá está contenta con mi pareja ya soy feliz…no jodan, chicos…no jodan…eso no es felicidad…la felicidad debe ser por ti y para ti…esta sociedad está llena de hombres esclavos de su palabra, de la ambición, de la amistad, del egoísmo…
Diana: Yaqui…espera…espera, chica…Pero a quiénes se llaman poetas malditos?
Yaqui: Se llamó poetas malditos a un grupo de escritores simbolistas que incorporaron el mal, entre comillas,  como esencia del hombre mismo y lo reflejaron en sus poesías…
Diana: Ah, por ejemplo:
A mi lado sin tregua el Demonio se agita
En torno de mí flota como un aire impalpable
Lo trago y noto como abrasa mis pulmones
De un deseo llenándolos culpable e infinito
Yaqui: Bravo, Diana…qué bien guardadito lo tenías…eso es, chicos…muy bien, Diana…es un poema de Charles Baudelaire…
Diana: Pero, hay algo que no entiendo…haber, Yaqui, dime eso de la verdad…yo por ejemplo muy poco soy franca, verdadera…
Yaqui: El que no dice la verdad se hace cómplice de los mentirosos y falsificadores, amiga…
Diana: Pero, amiga, a veces tengo miedo decir la verdad…miento para robarme el cariño de mamá, de mis amigos…
Yaqui: Ven, chicos…¡Debes romper  las cadenas!..¡Sé tú!...Debes dejar de pertenecer al número de esclavos, amiga…
Jorge: Entonces, Yaqui…¿qué consejos nos das?..
Mary: Sí…Sí, Yaqui…qué cura nos das, amiga, porfa…
Yaqui: La sonrisa es el idioma general de los hombres inteligentes…Sólo son tristes los tontos y los delincuentes…
Diana: ¡Qué más, amiga…qué más..?
Yaqui: ¡Ah! ¡Y dónde hay música, no puede haber cosa mala...!...Ahora, sí, chicos, gracias por la visita…bye, bye…
Jorge: Qué bien…la verdad que me has sorprendido, y me gusta la profundidad del tema.
Diana: A mí también me has impactado, pero te juro que me gustaría que otro día me des otra lección de esos escritores
Mary: Pero debes tener cuidado, Yaqui…puede fallarte el coco como a Diana…
Soledad: Si, verdad… me has dejado anonadada…
Jorge: Yaqui, y qué es de tu amorcito…hace tiempo que no lo veo
Diana: Sí…sí…di, dónde lo ocultas…
Mary: ¿Aún te sigue adorando…? Habla…di…no seas malita…
Soledad: Es que es un buen chico… muy respetuoso, aunque parece medio monje, ¿verdad?…
Yaqui: Ya, chicos, no es para tanto…por ahí debe estar todo él…leyendo…rezando…pensando en los angelitos…
Jorge: Bueno, amix…ya debemos retirarnos. Te vemos radiante…Otro día te visitaremos. Mañana tenemos que cumplir muchas tareas y debemos ir a casita a prepararnos…
Mary y Soledad: Sí, amiga…hasta otro día…
Diana: No te olvides, amiga…tienes que darme clases de esos escritores perversos…
Yaqui: Malditos dirás, Diana…
Diana: Creo que es igual…
Jorge: Cuídate, amiga…saludas a mi amigo…dile que se deje ver…
Yaqui: Okey, Jorge, le diré…los espero otro día y tomaremos cafecito…bye, bye…
Diana, Mary, Soledad y Jorge: ¡Bye, amiga..! (salen alegres)



II
(Aparece en escena Yaqui y Julio)
Yaqui: Pensé que no llegarías hoy…
Julio: ¿Por qué lo dices?
Yaqui: Como estás dando exámenes, pensé que no tendrías tiempo…
Julio: Yaqui, tú sabes que siempre estaré junto a ti. Ahora, peor, que vives sola…que tu papa y mamá se han separa…
Yaqui: No tienes que decirlo…yo creo en mí…me tengo confianza…me mato trabajando para alimentarme y comprarme mis caprichitos…qué mas…lo que pasa es que tú…
Julio: Pero, Yaqui…disculpa…
Yaqui: Disculpa…qué disculpa ni que ocho cuartos…eres un maldito…debes pensar antes de herirme
Julio: Pero, yo…
Yaqui: Pero debes  pensar…yo creo que el hogar no tiene por qué deshonrarse así por así…y tú precisamente…tú tienes que recordármelo…mis papás son pues mis papás…pero vez…en quién menos pensé que me daría dolor de cabeza…y  vienes tú…y me lo recuerdas….
Julio: Pero, Yaqui…
Yaqui: Te prohíbo, Julio, que me hables…Tú me quieres contagiar la cobardía de tu vida…
Julio: ¿Qué?
Yaqui: Yo no creo en las personas cobardes…Te exijo que seas más valiente si quieres que esté a tu lado…
Julio: Pero qué te está pasando, Yaqui, amorcito mío…
Yaqui:¿ Soy tu amorcito?…¿Por qué me he acostado contigo?..¿por eso soy tu amorcito? porque crees que nos hemos dicho cosas bonitas en las orejitas, ¿soy tu amorcito?…porque crees que seremos felices, ¿soy tu amorcito?…¡despierta! De lo que decimos tiernamente a la realidad hay mucho trecho…mucho trecho, escuchaste…La vida no es así, Julio. Debes pisar suelo, vivir la realidad. La vida no es solo de besos y abrazos…de caricias y cama…no es así, despierta, carajo…
Julio: Esas lecturas…
Yaqui: Esas son las lecturas que te faltan a ti…¿para qué te sirven los poemas huecos? ¿Para qué la religión?...Pura fantasía…puro engaño. Lee a Nietzsche…Machiavello…
Julio: Yaqui, ya…ya…basta…
Yaqui: Ves…no quieres saber nada…Tú con tus amigos que cuentan chistes…que se emborrachan sin ton ni son…que quieren ser profesionales mediocres…conformistas…
Julio: Es que  así está nuestra educación…nuestra cultura…
Yaqui: Será la tuya…la de tus amigos mediocres, falsos…mecánicos en mirar al mundo…dinero, dinero…comerciantes duros y acaparadores…insensibles y frustrados…
Julio: Pero tú vives en este mundo…
Yaqui: Así es…es mundo egoísta…no quieren ver que otras personas surjan porque enseguida te ponen zancadillas y te matan vivito…es un mundo materialista…falta de compañerismo…no hay ayuda mutua…todo esto es una desgracia…
Julio: Pero, la vida es así…
Yaqui: ¿Y debemos acomodarnos a ella?…eso, para los mediocres…Somos seres humanos y por eso debemos vivir como seres humanos…todos…sí, todos…Este mundo es para unos cuántos…
Julio: Es el sistema…
Yaqui: Qué sistema ni qué ocho cuartos!..Todos debemos vivir como seres humanos…sin odios ni rencores…y que la repartición de la riqueza sea equitativa…
Julio: Ya, Yaqui, porfa…
Yaqui: Es que no quieres vivir la vida con la verdad en la mano. Eres un puro purismo…Tienes que ser más práctico…despierta…yo debería quererte más pero no lo mereces…
Julio: Pero, qué dices..?
Yaqui: Piensa, chico, piensa…
Julio: Entonces, me voy…estás insoportable...(sale molesto y rápidamente, haciendo gestos de fastidio…)
Yaqui: ¡Qué tranquilidad, Yaqui!..¡Qué tranquilidad..!









III.
Yaqui: Hola, amiga…pasa…Me gustó que me llamaras…me siento contenta que hayas venido, Mary…
Mary: Es algo importante que debo confesarte…tú dices que debemos pisar tierra, sé entonces que me aconsejarás mejor que mis padres…
Yaqui: Haber, haber…¿De qué se trata?..¿Has peleado con tu chico?
Mary: No…no es eso…
Yaqui: Entonces, dímelo ya…
Mary: Yaqui…amiga, estoy embarazada, y no sé cómo decirle a Jaime, menos a mis padres…
Yaqui: Eso no es problema…es tú hijo…tú lo parirás…nadie más..¿Y qué vela tiene aquí Jaime, tus padres?...Tú…solo tú eres responsables lo que pase con tu embarazo, y nadie más, caracho…
Mary: ¿Es que no entiendes? .. ¿Yo vivo en las casas de mis padres?..
Yaqui: Sí…te entiendo…y me vas a decir de tus estudios que serán truncados…de tu juventud…de los padres de Jaime, ¿verdad?
Mary: Sí..todo eso…
Yaqui: Y…¿cómo criarlo?...¿cómo cambiar los pañales..?...¿cómo aguantar sus llantos en la madrugada?.. Todo eso has pensado, y no sabes cómo resolverlo…fácil, amiga…ahí está el internet..él te lo dirá todo…
Mary: ¿Qué me tratas de decir, Yaqui…?
Yaqui: Que eres una cojuda…con tantos abortos que se hacen al día…tú, mi amiga, preocupada por eso…qué tonta eres, mujer de dios…
Mary: Yaqui, qué insensible, y mala madre serás…y yo que te creí tan centradita…me he engañado…no debí  confiar en ti…
Yaqui: Ustedes me enseñaron que el que dice la verdad, no miente…eso trato, amiga… tú me dices que tus padres…, que no sabes cómo decirle al padre de tu hijo…que tus estudios…que tu juventud…que tu cuerpito se ensanchará…entonces, qué quieres que te diga…
Mary: Me mejor me voy…
Yaqui: Momento, amiga, o ex amiga…no sé… tú lo decidirás…Sí quieres tenerlo, tenlo…pero no me digas de tus papás, de tu marido, ni de tu juventud…dime que tú eres la única responsable de tu decisión…así como abriste las piernas así debes de recibir a tu hijo, Mary…llena de alegría…llena de amor…pero tú…y el que lo quiera…nada más..nada de mendigar  nada para el hijo de tus entrañas…
Mary: ¿Ahora si me puedo ir?
Yaqui: Sí, ahora puedes irte…te doy mi bendición, y tu decisión es lo que vale, Mary…
IV
Julio: Te veo inquieta, intranquila…¿Algo te pasa?
Yaqui: No es nada del otro mundo…
Julio: Pero, algo me estás ocultando…
Yaqui: Qué…¿no eres lógico?...Tú sabes lo que has hecho conmigo. Hace más de un mes cuando salimos de la fiesta de Soledad y venimos acá, a mi casa…¿qué hicimos?...Pues, hicimos el amor y…sin protección. Entonces, ¿qué crees? .. lo has conseguido…me has preñado…Y tú…sin lógica por supuesto y, yo, jodida…
Julio: Yaqui…
Yaqui: Qué Yaqui, ni qué Yaqui…ya me jodiste y estoy preñada…es decir, cumplirás con tu maldita procreación…Pero, escucha…eso, no lo verás, padre frustrado.
Julio: Pero, Yaqui…
Yaqui: ¡ Que no  lo verás, porque lo voy a abortar..!
Julio: Amorcito, tranquilízate…
Yaqui: He dicho que no lo verás, y así será…¡No  quiero un hijo débil de carácter como tú!..No quiero un hijo frustrado…mediocre como tú…¡Este bastardo será arrojado de mis entrañas como se arroja la basura a un colector!
Julio:  ¡Qué te pasa?
Yaqui: ¡Déjame..! ¡Lárgate de mi casa y no quiero verte nunca más..!
Julio: ¡Qué te sucede..!
Yaqui: ¡Qué te largues!..(lo saca a empujones)…que la vida es bonita…que la vida es hermosa…que hay que gozarla…¡qué, carajo..! ¡La vida es una basura, una maldita basura!








V
Julio: Los he reunido, amigos, para conversar algo importante.
Diana: ¿Qué pasa..?
Jorge: Di, nomás…somos tus amigos…
Soledad: ¿Algo le pasa a Yaqui...?
Julio: Amigos…se trata de algo que no llego a comprender…es algo difícil…
Soledad: ¿Lo difícil es la cuestión..?
Diana: Ya…habla nomás…y deja de hacerte el difícil…
Julio: Bien…les diré y crudamente…se trata que Yaqui está embarazada y….
Jorge: ¿Y qué...?
Diana: ¡La flaca?..¡ja! ¡ja! ¡ja!..en ese cuerpito…
Jorge: ¡Diana, por favor..!
Diana: ¿Y dónde llevará  a su hijo, si es tan flaquita?..¡Parecerá un hilito con su nudo en medio..!
Soledad: ¡Diana, por favor…no es un juego!
Jorge: Cierto, Diana..¡Cállate!
Soledad: Sigue, Luis…
Julio: Aquí viene el problema…
Jorge: ¿Cuál…cuál es el problema..?
Diana: Sus papás…los estudios…la cinturita de la flaquita, pues…
Soledad:¡Cállate..! Deja que siga hablando Luis…
Julio: No…No es eso, Diana…Es que Yaqui no lo quiere tener, y lo peor es que…
Soledad: ¿Qué..?
Julio: Es que a nuestro hijo, ella lo ha basureado ¡Lo ha tratado como una basura! ¡Que lo arrojará a un colector..! Y a mí me ha dicho que soy un cobarde…
Jorge: ¿Así ha hablado...? ¿Eso ha dicho..?
Diana: Les dije…les dije que esa chica se estaba yendo por otros mundos…
Soledad: Increíble…y parecía tan centradita…para mí eso es propio por la separación de sus padres..¿No creen, chicos..?
Jorge: Puede ser…pero alguno de nosotros debe conversar con Yaqui...¡Pobre nuestra amiga!
Soledad: Yo considero que debemos hablar con el cura de la parroquia
Diana: Mejor con el psicólogo Juan...¿no creen?
Jorge:¡No!..¡No..! Nosotros somos mayorcitos…además nosotros la conocemos muy bien…
Soledad: Bien…si después de eso no nos hace caso, ahí sí haremos participar a un especialista…
Julio: ¡Bien..!.. ¡Muy bien, amigos..!
Diana: Es que ella es bien caprichosita…Es inteligente, pero caprichosa…
Julio: Bueno…¿Y quién irá..?
Jorge: Sólo irá uno de nosotros…solo espero que no sea Diana…
Diana: ¡Qué…? Ustedes no saben que la sonrisa es el idioma general de las personas inteligentes…
Soledad: Bien…entonces…sortearemos…Es verdad, todos estamos preparados…
















VI
Diana: Amiga, qué bien que te veo…y hasta has engordado..¿No me digas que estás comiendo como las diosas del Olimpo griego…?
Yaqui: ¿Qué..?
Diana: Que te veo gordita y radiante, amiga…
Yaqui: Diana, ¿A qué has venido?
Diana: Verdad…¿a qué he venido..? a… ya….a que me des un consejo…
Yaqui: ¡A qué..?
Diana: A que me des un consejo…no de un conejo, sino de una coneja…
Yaqui: Diana, dime..¿A qué has venido..?
Diana: Verdad, amiga…a…a que me des un consejo…
Yaqui: Veamos…¿De qué se trata...?
Diana: ¿No me ves...? ¡No te das cuenta..? ¡Estoy embarazada, carajo..! ¡Viva mi embarazo, amiga (la quiere hacer bailar)
Yaqui: Tú…¿Embarazada..?
Diana: ¡Sí, amiga!..¡Qué alegría..! ¡Qué felicidad..!
Yaqui: Pero..¡Si tú nunca has tenido enamorado..! ¡Tú nunca has tenido enamorado..! ¿Cómo puedes estar embarazada?
Diana: ¿Qué..? (se desconcentra) ¡Qué..? Por dios, Yaqui…yo…
Yaqui: Ves… te pones nerviosa ..¡eres una mentirosa...!
Diana: ¡Qué no?.. pues, mira…¡Lee!..
Yaqui: (Lee sorprendida) ¡Inseminación artificial?..¡Has permitido que te metan semen a tu vientre, mujer…?
Diana: ¡Así es..! ¡ Y qué?...¿Pasa algo…?
Yaqui: ¡Y estás alegre..? ¡Y tus papás..?
Diana: Lo saben…y toda mi familia lo cuidará…lo bañaremos… le echaremos talquito en su potito…Sabes, lo bautizaremos cuando tenga siete años…es número cabalístico…
Yaqui: ¡Diana!...¡Diana, por favor, escúchame..!
Diana: ¿No amas mi felicidad, amiga..!
Yaqui: ¡Estás loca…!
Diana: ¡Loca de alegría porque tendré mi hijo…!
Yaqui: ¡Sí..! Sí…¡Estás loca..!
Diana: Porque quiero dejar de pertenecer al número de esclavos…Porque  quiero romper las cadenas, desechar todo amor y todo despecho…
Yaqui: ¡Diana, has leído a Baudelaire..! ¡Qué alegría, amiga..! ¡Entonces no eres esclava de las palabras, de las ambiciones, de la amistad, del egoísmo, verdad, amiga?
Diana: ¡Así es...!
(Tocan y abren la puerta e ingresan Jorge, Soledad y Julio muy sorprendidos del acontecimiento)
Yaqui y Diana: ¡Estamos preñadas!.. ¡Estamos preñadas, amigos..!





martes, 26 de mayo de 2020

EL JUSTO MEDIO


ESTA LECTURA TAMBIÉN ES IMPORTANTE

Ser una persona que favorece los valores superiores, no implica ser tonto o asceta.  En esta vida real atractiva, peligrosa, con chicas encantadoras, con brujas modernas que no necesitan andar montadas en palos de escobas, y, por qué no mencionar en estos días los cuentos de hadas, Caperucita Roja, pero en boca de  profesoras de Educación Inicial que hayan leído a Freud. Se debe retomar el relato de las grandes epopeyas de los pueblos para encontrar los elementos capitales de la vida en sus expresiones paradigmáticas.

Recordar a ULISES, tal cual hermano mayor, viajando en su nave por ese encantador manto azulino abriendo de esperanza a su familia ante el cercano melifluo canto de las encantadoras sirenas que él sabe que son aterradoras. Él quería escuchar ese encantador canto, lleno de amor, aunque le costara la vida. Pensó, sí, pensó. La tripulación de la nave, con mucho esfuerzo, lo ató  utilizando varias cuerdas al mástil de la embarcación. Ulises escuchó la melodiosa música y quería ir de donde venía, pero no pudo porque estaba atado. Sirenas, macabras mujeres que se disfrazan con cantos maravillosos, esta vez alguien las derrotó.

El canto es el placer inmediato. Es la gran tentación. Es el cebo de la perdición. Recuerda que siempre tienes un futuro; solo piensa en ese futuro. Pero en este presente, como Ulises, disfruta del canto sin dejarte vencer por él.

sábado, 23 de mayo de 2020

ALGUNAS LECTURAS DE MI JUVENTUD


ALGUNOS RECUERDOS QUE ME HAN DEJADO LIBROS QUE LEÍ EN MI JUVENTUD

SÓCRATES DIJO QUE LA LIBERTAD ES EL PENSAMIENTO DEL INDIVIDUO. POR LO DICHO, NO ENSEÑÓ A SABER, ENSEÑÓ A PENSAR. POR ESO LO MATARON. SÓCRATES HIZO DE LA FILOSOFÍA UNA CIENCIA DEL VIVIR Y DEL MORIR. EN SOLEDAD, PENSAMOS.

RECUERDO QUE LA ESPOSA DE SÓCRATES ERA UNA MUJER DE PÉSIMO HUMOR Y QUE AMARGABA LA VIDA DE SU MARIDO. ES DIFÍCIL VIVIR CON UNA MUJER ARISCA, PERO SÓCRATES SE PROPUSO QUE XANTIPA, SU MUJER, NO INFLUYERA EN SU ÁNIMO HASTA ALCANZAR LA SABIDURÍA Y LOGRAR GOBERNARSE A SÍ MISMO.

FUE ESA MUJER GRUÑONA, IRRITABLE E IRRITANTE QUE LO HIZO PENSAR Y DE ESE MODO SE TORNÓ FILÓSOFO.

NOS HACEMOS SERES HUMANOS EN CIRCUNSTANCIAS DOLOROSAS, DE CONFLICTOS, FALLAS, OBSTÁCULOS, ZANCADILLAS Y LA NECESIDAD DE SUPERARLOS; PARA LLEGAR MÁS LEJOS, DEBEMOS PENSAR, CREAR, FANTASEAR.

SI TIENES SED, PIENSA EN EL AGUA, SÍ, EN EL AGUA, NADA MÁS QUE EN EL AGUA….PIENSA, PIENSA, ES REVITALIZANTE, TE ENCONTRARÁS Y, AL ENCONTRARTE, NO ES POCA COSA, GRAN AMIGO, ERES TÚ.

AÑO 2020

Nuevamente con ustedes, gratos amigos. Esta vez es con la fuerza de Oscar Alejandro Jacinto Sánchez. ¡ A trabajar!

lunes, 18 de mayo de 2020

LA APARIENCIA

OTRA LECTURA DE MI AGRADO EN MI JUVENTUD Y QUE ME IMPACTÓ.

Fue sobre la APARIENCIA.


"... Solo les pido esto: cuando mis hijos crezcan, castíguenlos, señores, afligiéndolos  del mismo modo en que yo los he afligido a ustedes, si les parece que se preocupan por la fortuna o por cualquier otra cosa antes que por su perfección. Y si aparentan ser algo que en verdad no son, repróchenselos, como yo lo he hecho con ustedes, por no preocuparse por las cosas que deben, y porque creen merecer algo que no merecen".  Expresión de Sócrates ante sus jueces.

Aprendí que los bienes materiales, los honores, son solo juguetes que nos divierten, son falsos disfraces del ser. 

Por lo tanto, el ser humano debe buscar su perfección interior, el autogobierno, el aprendizaje continuo.

No hay verdades objetivas, absolutas y universales, sino que las cosas son tal y como son percibidas por cada uno de nosotros, dijo Protágoras, recuerdo. El cebiche para mí es sabroso, pero para Z no es de su agrado. Ves, es, entonces, relativo. Y, cómo queda Sócrates. Te imaginas la reacción de Platón y Aristóteles.

Quieres ocultarme la mentira detrás de eso que llamas verdad, querido profesor, preciosa mujer?

miércoles, 6 de mayo de 2020

CHE



CHE…………………………………
Le dije que era hermosa, y que quería estar a su lado para ayudarla. ¡Oh! Se admiró. Sus dientes brillaron en mi corazón, pero de pronto su mirada se arrinconó en el vacío del mundo. Me sentí muy mal. ¿Por qué ayudarme? ¿Acaso no sé hacer mis cosas? ¿Yo necesito ayuda, dios mío? ¿En que he fallado? Y pensar que creía que yo hacía bien mis cosas. ¿Por qué me ha dicho que quería ayudarme? ¡Yo quiero que nadie me ayude!

Yo sólo quería darle mis fuerzas. Su mirada en el vacío me debilitó ¡Qué tonto has sido! ¡Ya la perdiste! Esa mujer tan delgadita tenía más fuerzas que yo, y no me necesitaba.

Pero esa negación podría ser un engaño. Oh, Protágoras, ayúdame. Yo sí te necesito ahora. Una mujer tan delicada no me puede dar falsas percepciones. Me quiere engañar, al no aceptar mi ayuda. Si no la acepta, para mí es preferible, ya que si aceptara y yo quisiera  sinceramente darle ayuda, entonces, los dos nos repeleríamos, así lo dicen las teorías de la física y la química. ¡Tenemos que ser diferentes! Hasta para amar, en este mundo de dios, hay que pensar. Qué pasaría si ella me amara, igual que yo a ella. Serían dos polos positivos. ¡Diablos!

Algo me dice que quiero dejar mis cosas para dedicarme fanático a esta flaquita hermosa. Estoy dirigiéndome al otro lado de mi mundo. Soy un egocéntrico. ¿Y mis libros? ¿Mis amigos? ¿Mis padres? A un lado todo esto por sólo la flaquita con olor a eucalipto. Si quiero ganar algo hermoso, debo perder también algo hermoso.

Si acepta mis amoríos, mis amigos brindarán por el amor. Mis padres en su soledad reirán muy contentos y, yo, buscaré los poemas que hagan sentirme feliz, muy feliz. ¡Qué bien!

Caminaremos en el silencio de nuestros besos todos los días. Nos daremos el saludo cotidiano con sabor a leche y menta para purificar nuestros alientos como dos hermanitos. Y si algún día, ella y sus amigos brindaran por el amor, yo le invitaría una botella más para que se regocijara como una diosa. ¡Qué mal, me dirías, verdad?

Es que estoy amando; por lo tanto, no debo desconfiar de ella. ¡Quieres que sea egocéntrico! ¿Quieres que esté conmigo siempre, como una esclava, pidiendo el sabor de mis años? Deja tranquilo a mi egocentrismo, no lo despiertes. Ok.

Déjame que la ame como yo quiero. Quiero que sea libre como un ave. Que vuele por el mundo, pero no solitaria. Sé que escogerá aves más tiernas y fieles, y que se encaminen por la verdad y la razón. Esa es la bandada que dulcifica al mundo y que tarda en llegar a este mundo capitalista, utilista y acaparador.

Es tan flaquita que sus huesos huelen a rosas rojas y a margaritones. Ella no lo sabe, pero olí esa fragancia en mi pecho ardoroso. Ves cómo soy hombre de carne y sexo. Esto me convierte en un materialista grosero y ocioso. Mi flaquita no debe ser  un objeto sexual, no te equivoques. Ella es mi alimento mental. Si llegamos un día a comprendernos, arribaremos al amor real, pero eso es decisión de los dos.

Creo como tú que el amor busca la defensa de los valores. Por eso le digo a ella que no hacemos daño a nadie queriéndonos como nos queremos. Cuando me habla de su perrita que no se enferma y de su gatito que no tiene hembra, quisiera ayudarle a resolver dicha contradicción. Pero ella debe  luchar para tener con vida a su perrita traviesa y a su gatito pin pin. Siempre le he dicho que es bonita e inteligente. Le he dicho que triunfará por su genio indomable y mirada tierna. He sufrido mucho cuando le decía que buscara otro amor, pero es que no quería decirle  que la amaba porque inteligentemente ella se daba cuenta que yo quería  que me dijera que me amaba; y si ella me amaba y yo también, entonces, como dos polos positivos, nos repelíamos, y nos reñíamos, y peleábamos, para envidia de muchos y alegría de otros. Así hemos pasado por las aguas infinitas del tiempo. Es verdad, te lo juro.

A veces, en nuestra ignorancia, discutíamos sobre nuestra relación amorosa, como dos niñitos cuando pelean por un juguete. Es que el juguete es el centro del mundo para ellos, como el amor para nosotros adultos. ¡Qué escándalo! Pelear por el amor. Pelear por quien quiere más. Una botella de vino es delicioso, pero dos es peligroso. Igual… el amor no es el centro agradable del mundo, es la esencia de nuestras vidas.

Yo prometí ayudarla. Si ahora no acepta, me alegraré. Y si acepta, no me alegraré. Esa es la acertada contradicción de un mundo real. No debo ser egocéntrico. Ella tiene su mundo; yo, el mío. Cada uno es libre de amar. Si ahora ya no está, no está, pues. Tiene el derecho de volar todos los cielos  a su antojo. Es su libertad. Es su mundo.
-Estás llorando sobre la leche derramada- me dices.
Tú también tienes derecho a pensar, amigo, pero no te vayas a matar por mí. Sería un regalo funesto que me hagas. Yo nunca te dije que me amaras, pero el día que te vayas de este mundo, mojaré el manto de la Verónica con mis lágrimas. Gracias, Dios te bendiga.

Es verdad que caminamos mucho, pero conocemos poco. Es verdad que besamos a muchas mujeres, mas no besamos con amor desinteresado a nadie. Yo no debo amar a una mujer para que mi madre se sienta contenta, para que mis amigos brinden  por los novios; que los vecinos digan que somos una pareja feliz. Ah, eso sí, no debo aceptar que mi amada sea una marioneta manejada por su madre, sus amigos o vecinos. Ella debe ser ella, con su cuerpo flaquito, con sus riñas y sus gestos de gatita malcriada. No debe ser un maniquí, vestida a capricho de otros. Ella debe ser ella con sus valores, con su dignidad. Varias veces le dije que me gustaba su naricita bonita, sus labios sedientos y sus señoritas redonditas. En ese tiempo, me preguntaba si sería eternamente para mí.  Lloraba con mis ojos materialistas y con mi mente egoísta. Felizmente, ya estoy lleno de años viejos y podía pensar en ella, pero en ella que era dueña de su vida, y de sus señoritas, y que estas señoritas podían amamantar otros labios sedientos, pensando en atragantarse con leche de la razón sexual. Lloraba solo, pensando en ese mundo real. Y lo comencé hacer en el cuerpo de mi flaquita amorosa. Y me gustó. Ella también lo saboreaba.
-Sólo por eso me quieres, verdad- me decía con su voz apagada por el trajinar del sexo, ocultando su cuerpo acanelado con unas sábanas medio blancas del hostal.
Guardaba silencio como un pilluelo cuando lo acorralan con las manos en la masa. Temeroso y avergonzado arrinconaba mi cara entre las señoritas temblorosas. Estaba agitado. Sin moral ni vuelo de gaviotas. Triunfante. Regocijado. ¿Amado? Ya no tengo sus labios, pero estoy contento porque sé que ella cuida muy bien sus señoritas y su mundo.
-Insensible, alguien la hace transpirar en olas de la voluptuosidad y… ¿y tú estás contento?
-Pero, si ella está, que me queda, amigo…
Protágoras, amigo, ¿Es una falsa percepción? Nietzsche, maldito amigo, ¿Mis sentimientos me engañan? Sócrates, padre nuestro, me busco y no me encuentro en este valle de llanto y de miseria. Ella dice que le engaño, y que sólo vivo por sus labios húmedos y ardorosos.
¿Por qué me prendía de sus labios? ¿Eso indicaba que la quería? No. Es falso. Es el alfil del sexo en una yegua salvaje. Y es exquisito cuando la bestia se tranquiliza en su cuerpo, y se extasía con la lengua en una encarnizada lucha con la lengua mía. ¿Y los valores? ¿Y ella? Haciendo sexo con mi lengua con un ritmo atronador de sus gemidos y pasiones. ¡Oh, idolatrado beso tormentoso! ¡Eres dueño de la envidia humana! ¡Cuánto te extraño!
 Y cuando te preguntaba si la considerabas una prostituta…¿qué le decías?
¿Tú…una prostituta? No. No eres una prostituta. El gran político Pericles, cuando lanzó la ley que nadie debía casarse entre miembros de diferentes clases sociales, jamás adivinó que se enamoraría de una hetaira conocidísima. Esa mujer como tú se llamó Aspasia quien enseñó a Pericles el arte de hablar en público y gobernar. Era la antítesis de lo que enunciaba la ley. No debes olvidar jamás que tres prostitutas causaron la guerra del Peleponeso. Ah, pero Pericles fue señalado como adúltero. Ella, la hermosísima  hetaira, Aspasia, fue acusada de ejercer secretamente la prostitución por las dignas mujeres de la sociedad burguesa. Esta mujer como tú hace de la práctica del amor un arte. Debes recordar cuando veíamos en el computador algunos CD, tú, decías: esto ya lo hicimos, verdad? Esto nos gustó más. Pero, esto era mejor. Y te vanagloriabas, cariño, como una cortesana sagrada. En esos momentos  creí que habías leído los tratados de Artyanassa, el de Filenis y los de Elefantis. Alguna vez saliste de la alcoba apresuradamente y comenzaste a sacudirte sexualmente como Friné. Voluptuosa en un ritmo apocalíptico que sentía morirme en el sudor de tu vientre. Y caían unas gotitas  por tus piernas saladitas de dulzura y amor. No las succioné para que no perdieras el ritmo, y caíste abatida de tierna lujuria y caprichosa.

Gozas de muchos encantos. Sentía que habías leído mucho de estas hetairas. Te acuerdas que Lais de Corinto después de ofrendar una corona de flores a Afrodita, salió del templo desnuda en hombros de los hombres impávidos de su belleza. Es que así eran las hetairas.  Triunfadoras como tú. Así siento tus piernas desnudas en mis hombros flacos, cayendo por mi espalda tus gotitas de sudor. Platón le enseñaba filosofía a Lais. Pero, tú, como Lais, filosofas montada sobre este caballo caprichoso y terco. Dios te cuide, mi Amazona tierna.


che
Así de cruda y guerrillera me lo dijo. La sangre entretenida en mis codos se sonrojó avergonzada entre mis glóbulos blancos. Estos leucocitos escucharon atónitos: que no sabía abrazar tiernamente a una mujer descalza de amor; que era no tierno, sino duro y más duro cuando entraba ella por esa puerta abierta como sus piernas; que no era amoroso con ella, ni con su cabello, menos con su naricita empapada de respiración diafragmática.

Me quedé callado como mis flacos huesos blancos de sudores ansiosos. Me quedaba en silencio masticando una debilidad de hombre atormentado como buscando refugio en la impotencia de mis viejos años canosos. Guardé silencio; es lo que tenía que hacer. Sólo eso: silencio.

La conocí con su caminar enmudecido según ella de amores y aventuras. Su frágil cuerpo de gacela moza me llenaba los ojos con sueños llenos de sabores variopintos. Me gustaba su cintura porque serviría para envolverla en experiencias desconocidas. Su lenguaje, oh, su lenguaje no manchaba ninguna ch con sonidos guturales. Todo eso la llenaba de ternura.

Pero él te llevaba de tus manitas- le dije. Eso no es infidelidad- me contestó rápidamente. Si eso no es infidelidad, entonces, qué es- me dije. Estaba llena de rabia mi garganta. No recuerdo si ya la besaba o la amaba, pero me dijo que no era infidelidad.

Algunas veces la acompañaba a su casa y cuando le invitaba un caramelo lo recibía como no queriendo recibirlo. No quería perder su señorío de niña recatada, pero lo recibió tratando que me diera cuenta que no quería recibirlo. ¿Es desconfianza? ¿Es educación? ¿Qué es?

Si es desconfianza, debo cuidarme para tener sutileza cuando le invite un chocolate o un cafecito negro calientito. Si es desconfianza entonces debo alejarme sin ton ni son como canción despechada. Si los pájaros golpean sus alas en el suelo para poder volar y llegar hasta su alimento y alegría ¿por qué esa desconfianza no puede servirle para dejarse amar?

Su vestir, su caminar, cuando comía o cuando saludaba dejaba un aroma de señorita culta y más cuando al despedirse, extendía su brazo para dar su mano delicada en una despedida de donaire que daba ganas de querer despedirse de ella a cada momento. Era una despedida que motivaba a buscarla sólo para despedirse de ella una y otra vez.

Ahora me decía que yo no era tierno, que no sabía abrazarla en ese mundo de amores y miradas cariñosas. Yo que tantas veces me bañaba en un mar muchas veces turbulento hasta ver sus pestañas agitándose en el torbellino de la lujuria y el placer. Que temía arrinconarla en mis vértices más silenciosos de mi geometría sexual. A mí me dijo eso. Que no era tierno. Es decir, un fierro frío y mohoso para que me comiese un mascafierro hambriento de braxomanía. No debería aceptar tremenda barbaridad. Ha fallado en su medida y en su desprecio. Pero recuerda que te devolvió tu Makarenko y tu foto. No olvides. Recuerda que te dijo que cuando los devolviera, todo habría terminado. ¡Qué tonto eres mi pequeño cuerpo viejo!

Ven pronto, me dijo un día. Estoy en el puente Maravillas. No demores, porque si lo haces, olvídate de mí. Y corrí. Yo estaba ocupado en mis labores cotidianas, pero corrí con las ruedas de los autos y las combis, pero corrí sudoroso. Recuerdo que me dijo también: si llegas tarde, nunca me verás. Se encontraba en el puente Maravillas. Era tiempo de lluvias. El río estaba cargado de palizada y de piedras y de tierra mojada del vigor de dos cuerpos que se mueven descompasados. Nunca me verás o nunca me verán. ¡Dios..! El río. La palizada. El río hambriento. La combi que no se apresura. Su cuerpo delgadito llenándose desesperado de agua negra. Y sus ojos mirando el infinito lleno de nubes que descarga agua de muerte y desolación.
-Apure, señor chofer.
-¡Por qué no agarró un taxi?, me escupió en mi rostro ansioso.

Llegamos al puente. Ella debería estar en la otra orilla, o peleando con las aguas agitadas de su vida y de la muerte. Me bajé. Estiré mi mirada, pero no había nadie, salvo un perrito, que con su cabeza gacha, y con sus pasos cortos, cruzaba sobre el puente, el río mágico de Juliaca. Era cierto, el río corría cargando palizadas, piedras y semen en todo su cuerpo ancho y agigantado. Era un paisaje lúgubre. Hacía frío, y las nubes negras escondían un manto de llanto y soledad. Se hizo una eternidad. Parecía un puente como el de San Francisco, largo y bullicioso…interminable.
¿Y ella? ¿Dónde está ella? La busqué ansioso. Sólo una parejita de enamorados apretándose como pollitos se daba calor con sus cuerpos sofocantes. ¿Y ella? Nada de nada. La lluvia menguaba. A lo lejos aparecía una claridad silenciosa, pero mi cuerpo estaba agitado como las aguas del Maravillas. ¿Y ella? ¿Y su cuerpo flaquito? ¡Nunca me verás o nunca me verán!

¡Es que mi mamá no me comprende! ¡Es que mis hermanos no me quieren! Eso, nadie me comprende ni me quieren… ni tú tampoco. Pero, yo, por qué… Recién la he conocido, y ya tengo culpa, pero qué malo soy. Recién la conozco y ya he comenzado a martirizarla. La lluvia comienza a pasear por el patio de la vida, y dicen ya que el paisaje es tétrico, que ensucia las aguas de los mares con sus aguas negras, que se llevan los cuerpos enmudecidos de los suicidas silenciosos, pero no dicen que gracias a las lluvias los ríos cantarán canciones de vida y esperanza y que habrá alimentos para los cuerpos famélicos y no hablarán de la carita alegre de los niños cuando hacen navegar sus barcos de papel por esas aguas de amor y de ternura. ¡Es que nadie me entiende ni me comprende! Y arrojó con furia una piedra a las aguas del Maravillas que pasaba entonando una canción de fe y alegría. No olvidemos que el cuerpo de la niña no entendida ni comprendida era delgadito como una rama de eucalipto.

Oh, mujer, cómo hacer para que Aristóteles te enseñe la emoción adecuada, el que sepas sentir que las circunstancias no son iguales, no son las mismas, sino que debes manejarlas en forma proporcionada, mujer. Debes controlar tus emociones para que no te aburras ni para que te depriman. Consigue tu bienestar emocional y estarás estable. Recuerda que el sufrimiento templa tu carácter. Que los momentos de ánimos caídos dan olor y sabor a la vida, pero para eso debes decirte que eres tú y que te quieres. Dirás, como siempre, que son palabras… Quiero que los sentimientos tormentosos no hagan un nido de odio en tu corazón. Ah, y pregúntale a Platón por qué el autodominio es más poderoso que los esclavos de pasión que menciona Shakespeare en Hamlet, tu libro preferido, mujer. No es necesario que seas inteligente. Vive con el corazón en la mano para recibir la dicha que anhelas, mujer.

Es que nadie me entiende, te he dicho. El Maravillas volteó, guardo silencio, y siguió su camino aguas abajo. Nadie se baña dos veces en las mismas aguas de un río, dijo Heráclito hace mucho tiempo.

Es una de esas mujeres que adoran que sus hijos estén bien peinaditos. Que les gustan que les digan que sus hijos son bonitos y bien educados. Por eso viven y se desvelan para que la gente las califique con adjetivos de bondadosas, aseadas y con buenos modales. ¡Ay! del hermano o del papá que deje sus herramientas en el lugar que no corresponda. ¡Ay! de aquél que se chupe los dedos delante de otras personas. ¡Ay! del que no cumpla a la hora lo prometido. Simplemente, se irritan hasta las uñas acarameladas. Si te dicen que se debe hacer así, sólo así se hace. Sueñan con lo exacto, pero no saben exactamente hacer lo exacto. Les gusta comer sabrosos alimentos caros, pero pregúntales si quieren lavar dos platos. Quieren vivir en plenitud, pero no ayudan plenamente a que las ayuden a vivir a plenitud. Quieren todo, pero no dan nada, y dicen, seriamente, que dan todo. Y si alguna vez dan, cobran el doble y agregan el castigo como yapa. Si te libras de ellas alguna vez habrás salido del circuito de la ganancia y de la pérdida para ingresar al extraño campo de la dicha y el amor.

Tienen miedo de todo y a todo. Todas las miran sin ser miradas. No quieren que nadie sepa que aman o que son amadas. Son todo o nadie los dioses que dirigen sus mundos. Nadie las comprende. Todos las odian. Son las incólumes, las impólutas. Se ponen a la orilla del abismo y si las arrojas dicen que tú eres malo, y si no las arrojas, dicen que eres definitivamente malo.

Oh, Heidegger, dijiste Nada es; ni Dios te importó. Ahora esta mujer es su absoluto, es el Ella. Nadie más. Sólo su existencia. ¿Y los demás? ¿Y las circunstancias de los demás? Por vivir para Ella, se preocupa. No le interesa que vivas mañana. Si mueres ahora, a Ella no le interesa, porque es su ahora y de nadie más. Tu muerte no la deja vivir su momento que es de Ella y de nadie. Mejor hubieras muerto mañana, gritaría. Ella no tiene miedo al miedo, pero sí se angustia de la angustia. Y si la angustia es nada, te dirá: que es todo sin ser nada y, por lo tanto, la nada es nada, sólo palabras. Cuando termines de decirle esto, corre violentamente para el mañana, porque no te buscará, amigo. Así es ella. Silencio por ahora. Nos conviene. Que ame a Unamuno. Que sea amiga íntima con la Tía Tula. Alabadas sean las dos en sus angustias.

La llamaremos: CHE. Así es. Esta errante CHE, dice que nadie la comprende, que nadie la ama. Puede tener razón. Le pregunté a Pascal, y me dijo que estas mujeres se apasionan, aman, odian, sueñan para sí y, algunas veces, se quieren volver mosqueteras. Todas para una, y una para todas. Éste es el dilema de mi querida CHE. Un día compró un gatito y una perrita. La perrita blanquita un día desapareció. Pobre perrita. Era una perra muy mala. Ingrata conmigo que le di de comer y que me ensucié las uñas con el champú de perros. Si no le dijo puta fue porque el animal ya no estaba en casa. Se sintió abandonada. Sola. Ella, que había dado su entrega y ofrenda a la malvada perrita; se sentía abandonada y sola. Qué ingratitud. Mejor que se muera antes que venga preñada. La mato. La mato, gritaba en sus momentos de razón. Hablaba con el gatito negrito. Le decía que él no era malo ni ingrato. El pobre gato se engordó demasiado, y caminaba lentamente en el dormitorio de su ama y madre a la vez. Tú sí eres mi hijito querido- le decía. Dormía con el gato; comía con el gato, y, el gato era el amor de sus amores. Qué nadie lo vea. Que nadie lo abrace. Es mi gatito querido. Sólo mío. No iba a fiestas por su gato. Salía de sus estudios o de su trabajo, y corría a ver al gordo gatito gruñón. Ante Dios ella estaba salva. Estaba feliz de haber hecho feliz al gato gordo y gruñón. Por él, ella seguía viva. Entregó su corazón al animalito de Dios. Era el animalito de Dios todopoderoso. Había cumplido con Dios. Pero uno de esos días de invierno juliaqueño, cuando las mujeres de negocio y del campo se ponían una manta sobre las espaldas para cubrirse del álgido invierno, encontró en la puerta de su casa a la perrita que ya no estaba blanquita, sino llena de polvo, mierda y frío. Le temblaba todo su pobre esqueleto, pero le movió la cola a su dueña atónita. ¡Zafa! Le dijo la dura dueña. La perrita movió más violentamente la cola para decirle que la amaba. La dueña miró con asco y dureza, lista para darle una patada con sus zapatos puntiagudos en el trasero de la pobre perra amorosa. Era la perra mala, malvada, ingrata a la que  miraba. Miró el trasero del animal, y gritó: ¡está virgen! Gracias, dios mío. Sacó la llave de su cartera. Abrió la puerta, y la primera que ingresó fue la perrita. Ahora dormían en esa cama un gato gordo y gruñón, una perrita blanquita en huesos y en carne flaca, junto a su dueña delgadita como rama de eucalipto. La entrada de esa perrita flaquita le llenó los pómulos de fe y alegría. La sangre bulliciosa le recordó que era hembra y sus senos comenzaron a palpitar con más fuerza. Tenía fe en la vida: la perra no era una puta.

Se sentía comprendida. Su vida vuelve a comenzar. Con el amor a sí misma, prepara su maletín, protege a sus animalitos en casa de una amiga, y, en pleno invierno juliaqueño, se embarca para Arequipa, la Ciudad Blanca. Engañó a su madre y hermanos. Dijo que iba a un curso de estudios, pero iba con su amor de hembra alegre y bulliciosa. Se sentía feliz. Entre sus rodillas sentía el amor penetrante. No quería desperdiciarlo. Gozarlo, eso quería. Se fugaba de la bestialidad cotidiana de la ganancia y de la pérdida, de la oferta y la demanda. Alguien la comprendía, porque había sabido comprender. Quería olvidarse de su falta de apetito, de que nadie la había comprendido, ni entendido, eso quería.

Rápidamente llegó a Arequipa. Qué blanca que es. Y qué grande que es. Conoceré su grande Plaza de Armas. Iré a las iglesias y pediré a Dios que me envuelva con el manto de la fe y la esperanza. Comeré su delicioso adobo rojo y humeante. Ah, su rocoto relleno, pero qué rico que es. Un día, en el aula, escuchó a una amiga que dijo que en Arancota había un restaurante “Doña Cecilia” donde venden ricos potajes arequipeños, acompañados con música también arequipeña, con su ron Nájar y su chichita espumosita. Y allá fue. Pidió un chicharrón, pero no lo terminó. Solicitó una bolsita, y guardó el resto del chicharrón. Fue entonces que recordó que estaba cerca del mar, del Océano Pacífico. Cerca del mar, con el que había soñado muchas veces cuando se cogía suavemente sus delgados muslos redonditos. Oh, qué maravilla. Regresó al bullicioso Terminal terrestre en un taxi. Preguntó y preguntó y, por fin, estaba sentada en el asiento de un bus que decía: Mollendo. Esas son las mujeres que hacen que sean mujeres. Con su maletín, su chicharrón y con su fe con bandera plena de ella misma. Se quería, y quería a todo el mundo.

Ahora estaba en un Terminal terrestre pequeño, pero limpio. Sintió la brisa del mar en sus mejillas, y abrigó tiernamente sus hombros. Preguntó y caminó por las calles húmedas del puerto. Sintió en sus narices palpitantes el olor de mariscos, pero siguió caminando muy segura y altiva. Dónde está el muelle- preguntó. Siga usted de frente, y lo encontrará, contestó un hombre grueso y curtido su rostro por el sol y la brisa marina. Llegó al frío malecón que estaba cubierto con una neblina blanquísima y sudorosa, y, por primera vez, sus ojos veían esa masa grandiosa y azulina de agua cantarina. ¡Pero cuán grande eres mi Dios! Quiso correr, pero se quedó paralizada como una estatua anonadada. Los ojos desorbitados. Sus cabellos se movían triunfantes como banderas en buque de guerra. Pero eres esplendoroso, y me cantas para recibirme en tu regazo. Y yo decía que nadie me quería ni me comprendía. Recién me conoces y me abres tus brazos, y me cantas. Dios, ayúdame a comprenderte, o ayúdame a comprenderme. Miró el muelle y la callecita que conduce a la ribera del mar, muy cerca de la piscina, y por ahí, por ese camino se fue a corretear descalza como una perrita libre, sin pérdidas ni ganancias, ni le interesaba que no la entendieran. Ahora gozaba el amor de su vida, miraba a las gaviotas que se lanzaban al mar, y ella creía que se suicidaban como alguna vez pensó hacerlo, pero las blancas gaviotas aparecían con un pescado en el pico, alegres y victoriosas. De pronto, por la orilla corrió raudamente una ola y se llevó el maletín y el chicharrón y sus zapatos, pero, ella, oh Dios, saltó y saltó, histérica de alegría con canto de amor, de hembra con esperanza. El amor está en ti, en nadie más. No mendigues amor. Te lo da tu gatito ocioso o tu perrita aventurera. Te lo da el agua cantarina de la lluvia juliaqueña. Tienes el olor de una ramita de eucalipto. Tienes en tu boca el sabor del agua salada cuyo mar se llevó tu chicharrón y tu calzoncito de finos pliegues, pequeña ramita de eucalipto.
TRES
Y sucedió. Claro que sucedió. Cuando estás decidido y si sabes que no haces daño a nadie y lo planificas, todo sale bien, y, si es con ayuda de Dios, mejor. Los abuelos son sabios. El mío me dijo que todo lo que quieras y si lo planificas y si te dejas llevar con las manos de Dios, consigues lo que deseas. Y así fue.

Esa pequeña ramita de eucalipto, era mi locura. Tenía una parada angelical y su mirada llenaba mi corazón de esperanza. Es verdad que no tenía senos abundantes para aplacar la sed de cualquier hombre, pero se pronunciaban provocativos y anhelantes. Eso, para mí, era suficiente. Pero, cómo conseguirla. Leí libros sobre estrategias militares. Busqué revistas de modas y estudiaba sus historias románticas que aparecían en ellas, y no era suficiente. Me desesperaba. Recordé algunos poemas y el mundo se hacía más difícil. Algunos amigos me decían que a las mujeres hay que tratarlas como mujeres. ¿Cómo es eso? A veces bien: otras veces, mejor. Entonces, decidí. Hice las cosas al revés.

Por eso comencé diciéndole que yo quería ayudarla. Por eso le regalé un libro. Bendito libro y bendita decisión. Quise hacer las cosas como mejor se pudiera hacerlas. Partir de lo mejor. Dulce atrevimiento. Quería comer miel, pues miel comería. Y así comencé con miel y miel, sin pensar que me empacharía. Y mi mirada llena de dulce se fijó en la de ella con dulzura e hicimos del mundo un panal delicioso.

Dios era nuestro guía. Nuestros amigos eran los mejores de la tierra. Creímos en nuestros padres. ¿Por qué no bendecir esta tierra? ¿Por qué no reírnos de las desgracias? Todo era dulzura, era amor. La tierra, el tiempo, los personajes del mundo, todo era amor.
-          ¿Y por qué tú debes ir? –le dijo su madre
-          Pues, porque he sacado las mejores notas –contestó la hija orgullosa
-          ¿Acaso?
-          Sí, mamá…yo he ocupado el primer puesto y por eso me han invitado a ese Seminario…
-          ¿Y con quién vas a ir?
-          Irán varios profesores y compañeros…
-          Eso no me interesa
-          Ves, mamá…
-          Sólo quiero que no te pase nada, hijita…
-          ¡Que no me pase nada!, eso es un achaque…recuerda que ya tengo más de dieciocho años, y que puedo decidir
-          Pero, hija…
-          He decidido viajar, mamá y, esta vez, ni tú ni mis hermanos, podrán impedir mi viaje…
Y así lo hizo. Viajó y muy contenta. Fue su primera lucha y salió victoriosa. Llegó muy temprano al paradero de los micros. Juliaca se sacudía de la noche fría y los comerciantes bien sentados en sus triciclos con su mercadería se dirigían al Túpac. Ella, la flaquita como ramita de eucalipto, bebía a soplos un mate de coca. La vi bien segura de lo que hacía.
-          Te felicito… lo lograste –le dije
-          No fue fácil, pero ya estoy aquí…
-          Subamos a ese micro, y huyamos de Juliaca.
Pronto el micro se puso en movimiento. Los pasajeros muy abrigados se apretujaban y se iban quedando dormidos. Yo me acerqué a mi aventurera y me abrigué con su brazo izquierdo que estaba calientito. Abrí mi mochila y le ofrecí contento fruta y jugo. Ella lo recibió sin duda ni murmuraciones. Estaba regocijante, pero nerviosa. Guardé silencio. No quería perturbar su aventura. Seguridad tenía que brindarle y pude darle pensando que el hombre es el que impone las reglas de juego y que tienen que ser seguras y muy firmes. No hablamos casi nada. En Puno estaríamos a las siete y cuarenticinco de la mañana. Compraríamos fruta más fresca y bebidas más fría para nuestro viaje hasta llegar a Desaguadero y, después, rumbo a la Paz, Bolivia.

En Desaguadero teníamos que hacer los trámites respectivos para cruzar la frontera. Nuestra aventurera por el apuro de salir de casa  había olvidado  su DNI. Sólo a mí me entregaron el salvoconducto. Ella no podía viajar. Estaba muy triste. Casi me dio pena. Creí que lo había hecho a propósito. Me juró. Rejuró. No era a propósito. Ella quería viajar. Rogó a los policías. Lloró en silencio delante de los policías. Nadie hizo caso de sus lágrimas, de sus penas. Era una tremenda tristeza. Tenía que regresar sola y preocupada por su inexperiencia. Sentí que la oportunidad de estar junto a ella ya se esfumaba y que el amor que tenía que profesarle se iba al agua. Ahora debo aprovechar para recordar lo que me decía mi abuelo: que si se tiene fe y confianza, que si haces las cosas sin ánimo de hacer daño, que si crees en algo o en alguien y te encomiendas con todo tu amor a lograr tus metas, ese algo o alguien jamás te abandonará.
-          ¿La señorita está muy triste, verdad?
-          Sí –le contesté al policía
-          El caso es allá, en La Paz…
-          Entonces, ayúdela acá. Yo me preocuparé lo que suceda allá – le dije de memoria.
-          Pero…
-          Ayúdela, por favor…no le pasará nada, le aseguro, señor…
-          Es que…
-          No, señor, no le pasará nada, por favor…
-          ¿Y qué es contigo?
-          Vamos a un Seminario, señor…
-          ¿Te la estás robando..?
-          No, señor…aquí están los documentos que demuestra que va a un Seminario en La Paz y que es una señorita que ha obtenido la primera nota en su rendimiento académico, señor…
-          Bien, pero…
-          No se preocupe…le pagaremos su servicio, señor…
Pasamos la frontera. No nos interesaba el frio ni nuestras tímidas sonrisas. Llegamos a La Paz. Decidimos separar las habitaciones, y fuimos a un hostal. El empleado nos atendió muy seriamente, pero los papeles que nos dieron en el control de inmigraciones estaban en regla. El hotelero nos ubicó en cuartos separados. Ella quiso decir que no era así. Pero así fue.
Nos pusimos de acuerdo para vernos dentro de hora y media en la salita de espera del hostal. Ya en mi cuarto, semidesnudo quería cantar no sé qué canción, pero estaba alegre, inmensamente alegre. Me imaginé a la flaquita tirarse de largo sobre la cama, también envuelta con sus trapos de seda muy fina. En la ducha, con el agua tibia que recorría mi cuerpo comencé a preparar mi estrategia para enamorarla. Mis pensamientos galopaban en forma desmedida. Me impacienté. No sabía cómo comenzar. Hasta pensé desistir en el propósito. En bibidí y en calzoncillos, me tendí en la cama y me quedé profundamente dormido.
Me levanté asustado al escuchar los toques en la puerta de mi cuarto. Era el hotelero y me dijo que la flaquita estaba en la sala de espera hacía más de un cuarto de hora. Me vestí. Casi corriendo salí del cuarto y fui donde ella. Estaba parada, sonriente. Le pedí disculpas. Ella movió la cabeza muy dulcemente y me señaló la puerta principal del hostal. Salimos. Caminamos. Ingresamos a un restaurante. Pedimos lo necesario y comimos apresuradamente. Todo con los ojos brillantes y los corazones palpitantes.
-          Paseemos un rato. Conozcamos, por favor- me dijo
-          Claro, no hay problemas.
Paseamos por las calles alegres y luminosas de La Paz. El sonido de los vehículos hacía que        gritáramos para escuchar lo que decíamos. Fuimos al Palacio de Gobierno, al estadio y al barrio donde se vendían los artículos de contrabando. La noche llegó tan violentamente que decidimos ir a descansar.
Llegamos al hostal. Nos sentamos frente a frente en la salita de espera. Nos sentamos pesadamente. Nos reímos, en las aguas de una cristalina laguna, como niñitos.
-          ¡Qué maravilla, por Dios!
-          Sí…¡Qué maravilla!..- Sólo atiné a decir…
-          ¿Y mañana será mejor, verdad?
-          Claro…sí, claro…
-          Ahora, a descansar, cierto…
-          Sí…cierto…
-          Me ayudarás a pasar el colchón de mi cama a tu cuarto…
-          ¡Qué..! Eso, no….
-          ¿Acaso tienes miedo..!
-          No, no…eso no permitirán…
-          Bien, entonces, hasta mañana… y se fue muy cantarina…
En mi cuarto, con todo mi mundo, y sin quitarme la ropa, me tendí a lo largo de la cama. No sabía si ponerme serio o alegrarme, pero sentí algo de contentamiento. Recordé cuando ingresó a su aula unos de esos días fríos. Sus amigos silbaron muy románticos, pero ella no se sonrojó y se sentó, triunfante, en su carpeta.
Soñé con hechos suficientemente creíbles. Que volábamos a un lugar fabuloso lleno de imágenes monstruosas y todo pintado de amarillo. Amarillo aquí, amarillo allá y todo completamente amarillo. No era un buen presagio, y nos asustamos hasta que gritamos con fuerza los dos que todo lo que nos rodeaba se rompió en ese campo de sueño y de muerte.
Grité con todas las raíces de mi sueño, que me desperté lleno de sudor y lágrimas. La flaquita de eucalipto saltó asustada. Había llegado a mi cama con la ayuda del celador del hostal. Me sacó los zapatos y me abrigó, y yo no había sentido nada.
-          Dios, qué te pasó…
-          Qué haces tú en este cuarto –le dije.
-          Vine a acompañarte y te encontré muy dormido…
-          Pero cómo has ingresado, mujer…
-          No interesa… ¿Qué pasó?
-          No…nada…solo que soñé lleno de amarillo, todo de amarillo…
-          Ven…acércate…no tengas miedo…estamos juntos en todo, ¿verdad?
-          Es que…
-          Nada, nada de nada…todo está bien…
El resto de la noche la pasamos en vela. Conversamos de sus estudios, de su familia, de su futuro. Era tan interesante que amaneció muy rápido.
Llegué tarde al seminario que se desarrollaba en la Universidad San Andrés. Ella se quedó en el restaurante, desayunando. Vendría cada media hora a verla para que no se quedara solita. Después me contó que en los momentos que se quedaba sola visitó la biblioteca, el palacio de gobierno y que había conseguido amigos jóvenes de La Paz con quienes se pusieron de acuerdo para salir a pasear. Podría ser buena idea pero a mí me inquietó. ¿Celos? Era muy atrevida, pero me enviaba un mensaje fácil de interpretar. Ante ella no era recomendable demostrar miedo o publicitar mi desconfianza. Solo me quedé callado, rabiando conmigo mismo.  Yo tendría que volver a la Universidad por la tarde y trabajar hasta las seis. Ella me miró de reojo. Sentí un latigazo en mi espalda.
-          ¿Te gustó el almuerzo?- una pregunta muy estúpida porque ella había dejado casi todo el almuerzo en los platos.
-          Sí…
-          Mañana regresamos al Perú muy temprano.
-          Si deseas viajamos hoy cuando termine el curso, pero he quedado con amigos bolivianos ir a una discoteca…
-          Bien…yo iré con mis colegas también a divertirnos.
Fue nuestra primera gran pelea. El sonido de esta primera campana nos acompañaría siempre.
-          Y ahora, ¿qué?- dijo Balvinito, el de bigote bien aliñado.
-          Iremos a picantear a un restaurante- replicó una profesora joven que enseñaba Ciencias Sociales, y que los alumnos le decían: negrita Ruty.
-          ¿Irás, compadre?
-          Sí…sí, iré- respondí rápidamente.
El piqueo no estaba sabroso, menos la cerveza, pero nos quedamos hasta las ocho de la noche. Se sentía un frío helado. Los profesores bailaban muy alegres y cantaban abriendo desacompasadamente la boca. Sobre la mesa, las chapas de las botellas de cerveza, unas sobre otras, parecían fichas en los casinos. Conversaciones que se repetían a cada instante. Papeles higiénicos que pasaban por los rostros llenos de grasa y de sudor. Las profesoras mascaban chicles baratos. La cerveza boliviana tiene un olor más fuerte y desagradable. El condimento del piqueo hacía nuestro aliento más desagradable, pero para que nuestro interlocutor nos escuchara teníamos que gritar o acercarnos hasta comernos el aliento de él. Y a pedido de Mancuso pusieron la canción: No me volveré a enamorar. Lo miré seriamente. Él se rió. Y me puse a saltar con alegría, como si el mundo se acabara. No sé por cuanto tiempo me olvidé de la rama de eucalipto, pero los compañeros gritaron que ya era las diez de la noche.
-¡La noche está virgen!- sentenció Balvinito, y continuó: Iremos al restaurante de Jaime…
- ¡Sí!- gritaron con la fuerza de la borrachera algunos profesores.
Fue hace ya muchos años, creo que ocho o nueve años, cuando en el bus del Instituto llegamos a Cochabamba para la fiesta de la Virgen de Orcupiña, en el mes de agosto. El viaje desde Perú se hizo sin novedad. Fue un viaje con una buena cantidad de profesores. Todos iban alegres conversando muy alegres y, algunas veces, cantaban alegres canciones bolivianas de los Kjarkas y de Proyección. Adoramos a la Virgen con gran devoción. Ella estaba resplandeciente y sus ojos deslumbraban con ternura mucho amor y compasión. Limpia, muy limpia su vestimenta. Las personas que estaban delante de ella, muy contritos, bajaban la mirada al suelo y movían en silencio sus labios piadosos. Para que te haga un milagro debes venir a visitarla por lo menos tres veces, me dijo calladamente Mascafierro. Era un profesor que jamás le gustaba jugarse con los santos. Miré a los ojos de la Virgen y, sin moverlos, me dijo que creyera sin dudas ni murmuraciones. Y creí.
Salimos de la iglesia y nos fuimos a sentarnos en la tribuna que estaba ubicada por un parquecito por donde pasaría el corso. El clima estaba templadito y algunos profesores tenían sus chompas colgados del cuello y, otros, atados con un nudo en sus cinturas. Las calles estaban atiborradas de mucha gente que llegaba de las ciudades de Bolivia: Oruro, La paz, Santa Cruz de la Sierra y también peruanos de Puno, Arequipa, Cusco, Moquegua Tacna y uno que otro argentino o brasileño. Pero no todos habían llegado con devoción a la virgencita, sino a emborracharse y ver bailar a las bolivianas que exhibían sus tremendas piernas redondas haciendo cabriolas que llenaban de arrechura a sus mismos paisanos y forasteros.
Antes que terminara de pasar los danzarines, el director del Instituto, el Ciego Flores, nos conminó para ir a picantear a un restaurante que estaba a seis cuadras del parque. Todos bajamos rápidamente. Teníamos hambre y ya era hora para beber unas cervecitas espumositas.
Llegamos al restaurante y exigimos una mesa larga para ubicarnos delante de ella todos los profesores del Instituto Superior Pedagógico Público de Juliaca, Puno, Perú. Si nos atiendes bien, jovencito, te daremos una buena propina. Somos peruanos de los buenos, de rompe y raja. Peruchos de corazón. Ahora, hermano, si tienes una compañerita no te olvides de nosotros y recibirás el doble de propina. Ya, no te olvides, compadrito…
El plato que me entregaron contenía un buen trozo de chancho doradito. Se notaba delicioso y bien doradito. Solo por un ladito tenía una mancha negrita. Una presa doradita y negrita en el plato, cuando tienes hambre, si te descuidas, la baba se cae de tu boca raudamente. Cogí firme y muy seguro el tenedor y cuchillo. Pinché el redondo chuño. Lo llevé a mi boca. Lo sentí seco pero estaba sabroso. Mientras masticaba vi en un platito ají molido. Sin esperar nada, con el tenedor cogí un poquito de ese ajicito picantito y lo llevé a la boca para mezclarlo con el chuño. ¡Diablos, mierda! Cómo pica este ají, carajo. Noté que mis ojos se volvían rojos y que querían salirse de las órbitas. Si grito, se reirán de mí. Aguanta, carajo. Disimula. Agacha la cabeza, al filo de la mesa. Saca la lengua y que caiga la saliva. Así te enseñó tu abuelo, el padre de tu madre, el gran Pancho pinganilla.
Balvinito estaba ubicado al medio de los comensales, lejos de mí. Estaba cerca de Mascafierro y de Pascualito, el dulce. Nadie hablaba. Algunos estaban prendidos del chicharrón, del costillar frito, de la pierna de pollo. Varguitas se regocijaba con su chuño. Abría la boca y masticaba muy juguetón porque su ralo bigote se meneaba como el lomo del gato cuando tiene frío. El Ciego Flores estaba en el otro extremo de la mesa, lejos de los zancudos: Mancuso, el Chato, el Negro y el Mono. Esta vez viajaron muchos profesores y como nunca estaban juntos, juntitos, compañeros. No era para creer. Todos juntitos, alrededor de una mesa, en un restaurante de Cochabamba, en Bolivia. Bien, Ciego. Has reunido a gatos, perros y pericotes. Es un gran triunfo. Las relaciones laborales mejorarán. Eres un gran líder, hasta que no te jodan, director.
            -Pancho y Aurelio traigan la cerveza del bus. Rápido que la gente se ha picado con ese ajicito riquísimo- dijo el Ciego.
Los dos trabajadores administrativos salieron corriendo y volvieron con sendas cajas de cerveza compradas en Desaguadero peruano.
            -Que challe el Ciego- alguien gritó muy fuerte
            - ¡Sí!..¡Sí!- corearon algunos profesores
El Ciego cogió una botella y vació cerveza a un vaso. Sus lentes cuadrados se querían escapar de su nariz. Pero eso no le interesaba. Introdujo su dedo mayor al vaso. Arrojó algunas gotas al suelo para que la Mamapacha regrese a la delegación sana y vivita. Volvió a introducir el dedo en el vaso y esta vez las gotas fueron al viento para que la Virgencita de Urcupiña mantenga en buenas relaciones a los trabajadores de la Institución. La tercera vez le esparció a su bragueta, para que nunca lo traicione y, por último, hizo un giro y levantó sus posaderas y arrojó las gotas de cerveza en ese culo flaco para que no sea maricón, dijo. El resto de cerveza lo bebió después de decir: ¡Salud! ¡Salud, maricones de mierda!
Balvinito se puso en pie. Retiró la silla. Le dijo algo al oído a Mascafierro, y rió moviendo bruscamente sus mostachos. Casi se atraganta el agrio Masca. Cuando pasó por mi detrás, me dijo: Voy a garrar el cuellito del padre de mis hijitos. Sus ojitos pícaros se iluminaron de inteligencia y de recuerdos históricos de Sodoma y Gomorra. Estudió en la Universidad San Agustín de Arequipa. El Materialismo Dialéctico y el Materialismo Histórico eran sus temas predilectos. Estaba afiliado al PUM. Teórico y muy moralista. Respetuosos de las reglas de sus familiares y de sus profesores. Agachó su cabeza. Como si bajara de un cerro, movía sus brazos casi en forma horizontal. Cruzó varias mesas y llegó al baño.
            -La policía de investigaciones del Perú te está buscando, Balvinito.
            - A mí, por qué
            - ¡Por burro!
            - ¿Por político?
            - ¡No! ¡Por coimero!
            - ¿Qué te pasa? ¡No me jodas!.. ¿Yo, coimero?
            - Sólo te digo que te está buscando la PIP…
            - ¡Yo soy profesor! ¡Yo soy de San Agustín! ¡Soy comunista!
En una Asamblea de docentes de la Institución pedagógico donde trabajaba lo nombraron como miembro de la Comisión de Admisión de Ingreso de ese año, junto a otros docentes, bajo la responsabilidad del Director de la Institución Educativa mencionada. Es una tarea muy difícil desde la formación de la Comisión de Admisión hasta el último informe a la Dirección Regional de Educación y al Ministerio de Educación con sede en Lima.
A mitad de marzo, se llevaría a cabo el examen. Se formaron las diferentes Comisiones, desde la Convocatoria hasta la Comisión responsable de hacer los informes para Puno y Lima. Las inscripciones se realizaron en forma normal. Se invitaron a diferentes instituciones para que estén presentes en el momento de la ejecución de la prueba y de la evaluación: la DREP, Subprefectura, el cura Sakata, la policía. Algunas veces se utilizaban las aulas del ISPPJ, el estadio, el cuartel militar. Se sellaban las puertas. Se tomaban miles medidas de precaución para demostrar la idoneidad de la prueba y de su Comisión. Con esta Comisión, la cosa será diferente
            -  Han suspendido el examen.
            - ¿Por qué?
            - Han encontrado a un señor que vendía la prueba
            -¡Mierda!
            - Y en este momento están llevando a toda a la Comisión de ingreso a la PIP, para interrogarlos.
            - Oye, pero recuerda que en el momento que hacen el examen están autoridades, las puertas son selladas, las ollas donde hacen el café las sacan después del examen, los que elaboran  la prueba suelen salir del local hasta que finalice la evaluación. ¿Quién mierda actúa en contra del Pedagógico? ¿O serán las mismas autoridades? La verdad que no comprendo.
            - ¡Qué le saquen la caca al señor que le encontraron el examen, verdad!
Pero Balvinito sufrió. Y si es crudo decirlo hasta han podido exigirle que aporte alguito y que todo pasaría como si nada pasara. Sería bueno preguntarle. Pero conociendo como es, jamás dirá nada de nada.
Ahora, en Cochabamba, ya camina como gallito que se ha olvidado de su canto gutural. Alisa su bigote incipiente. Pone en su cabeza una redecilla para que sus cabellos se levanten amaestrados, machucados por la gomina que aplastan  la cabeza del pobre profe.
-          ¿Qué hace Balvinito en esa mesa con esos muchachos y con ese hembrón?
-          ¡Déjalo, ya vendrá!
Balvinito conversaba bien animado con dos jóvenes varones y con una hermosa mujer que tenía un trasero bien paradito y unos pechos prominentes. La cintura de la susodicha mujer era como la de una muñeca. La estatura más allá del metro setenta la hacía inalcanzable No eran bolivianos, se notaba desde lejos. ¿Cómo ha llegado ahí Balvinito? Y que bien animado conversa, por Dios. Está locuaz y los ojos juegan en una ronda diabólica mirando los senos de esa tremenda mujer. ¡Qué envidia! Pero Balvinito estaba alegre y no hay que molestarlo. Que bien  escondidito tenía este maricón de mierda la profesión de Valentino. Actuaba como un casanova llamino, señores. No lo molesten. Pero se puede morir por el infarto.
-          ¡Qué se muera!
-          ¡Envidioso!
-          No es envidia. Sino su postura de teórico, de comunista, de moralista y mírenlo a tremenda mosquita muerta. Verdaderamente, es una caca…
-          No seas cojudo… ¿Y a quién hace daño? Es su comportamiento sociológico. Es acumulación de experiencias… Chúpate esa. O crees que los profesores con bigotes no tienen derecho a conocer otras personas de otras latitudes… Sólo es pura envidia. ¡Déjenlo tranquilo!.. Ya nos contará, y punto…
-          Pero ese bigotón no cuenta nada. Es más terco que una mula preñada. Lo que si me gustaría estar cerca para recrearme con tremendo culazo, compañeros.
Balvinito movía sus brazos muy alegre, y, por momentos, se volvía doctoral. De reojo vi que me señalaba y las miradas de los forasteros llegaron a mis ojos quemando todo mi cuerpo.
-          Vamos, te quieren conocer.
-          Y yo… ¿Por qué?
-          Vamos, maricón…
-          Pero, es una mala educación…
-          Sólo un momentito… ¡no te gustaría comerte a esa tremenda mujer!
-          No jodas, Balvinito…
-          ¡Vamos! Me han dicho que son tus paisanos… dicen que son de Chimbote.
Chimbote. Me vino a mi cabeza la Sessarego, Banchero Rossi, el gran armador...el olor del pescado cuando pasaba el bus por ese puerto. Recordaba cuando los pescadores cerraban las  cantinas y ahí repartían sus ganancias, bebiendo grandes cantidades de cerveza y cuando no había cigarrillos, los pescadores armaban los billetes y los fumaban muy orondos. Cómo no acordarme  de Chimbote, si en ese puerto pesquero, mi hermana Lía me preparó en uno de mis cumpleaños un estofado de tramboyos y nos quedamos dormidos hasta el día siguiente todos los que comimos ese exquisito plato. El cumpleaños lo pasamos en brazos de Morfeo.
-          Vamos…no seas maricón…
-          No jodas…voy, pero voy solo- me puse en pie y fui a la mesa donde estaban los paisanos.
Me presenté. Casi me obligaron a sentarme y lo hice dificultosamente. Ella me miró y sonrió. “No le gusto”- dije. Los paisanos se acercaron a mí y olí sus alientos llenos de cerveza y a pimienta barata. Estaban borrachos. “Este Balvinito me cagó”- dije todo amargado. La hembra me dijo salud. El vaso que tenía en sus manos nada delicadas estaba casi lleno de cerveza. “¡Qué tal mujer, cómo chupa! Sus ojos amarillentos se posaron en los míos. Tenía los pómulos curtidos por el sol y por la borrachera. Se paró toda ella. Y allí, muy cerquita, vi su cintura como la de una Barbie. Muy alta. No me había engañado, sus senos eran muy provocativos, suplicantes. Puso su tremendo trasero sobre la mesa. El pantalón muy ajustado hacía que la baba tocara mis labios y mi pene endureciera hasta querer explotar en millones de espermatozoides con ansias de salir de esa caverna  negra y arrugada por los años. ¡Ay!… ¡Aguanta, carajo, no te chorrees!
-          ¿Bailamos, flaco precioso?- me dijo.
-          Sí…baila, paisano- dijeron los muchachos chimbotanos.
Ella, la mujer codiciada se acercó a mí, casi tocándome. Me cogió de un brazo y con poco de esfuerzo, me puse en pie. “¿Y si se sacara el sombrero?” Tenía un sombrero de vaquero, por eso se veía muy alta. No le dije que se lo quitara. Me acerqué a sus pechos prominentes. Los sentí duros, muy duros y que no permitía estar cerca, cerquita, como yo quería, para introducirle mi pierna donde sabía que a mi pene le gustaba estar. Ella me puso su cabeza encima de mi hombro, y me susurró algo, alguito.
-          ¿Cómo te llamas?- me dijo.
-          Primero, dime el tuyo- le dije.
-          No, tú primero- me replicó y sentí su voz ronca.
-          Bien, te diré. Me llamo Julio, y tú.
-          ¿Seguro quieres saber mi nombre?- Me dijo y me dio muchas ganas ardientes, casi acomodándome para darle un zarpazo de amante cautivador, y me quedé calladito para escuchar su nombre de hembra cariñosa.
-          ¡Jaime!- me gritó…
-          ¡Mierda!- dije y me escapé de sus brazos y, casi corriendo, llegué a la mesa de mis amigos profesores.
Balvinito me vio llegar, y con su sonrisita maliciosa, se alegró de haber hecho una buena faena…No sé si lo hizo con mala fe, pero a mí me han enseñado que cualquier experiencia es buena hasta donde la consideres como buena.

La flaquita como rama de eucalipto se levantó muy temprano e ingresó a la ducha. Se escuchaba una canción hermosa de Proyección. Agucé el oído. Estaba seguro que me dedicaba la canción. Traté de entender el mensaje. Sí. Definitivamente era para mí. Me sonreí muy nervioso. ¡Qué caray, ya la cagué!
Salió de la ducha, y le vi sus piernecitas delgaditas. Caminaba muy segura. Con tiernos movimientos de su cabeza quería secar el cabello que le caía sobre sus hombros desnudos y provocativos. Derrotado, la miré. Ella muy ella, pasó casi rozándome. Ingresó a su cuarto. “Pero si tiene baño privado, por qué ha salido a ducharse afuera” –dije, calladamente.
Salimos del Hostal, y nos fuimos, muy callados, al terminal terrestre. En un bus partimos para Desaguadero boliviano y llegamos al mediodía. Ella comía una manzana. Y creo que comía para no hablar. A su costado, yo caminaba pensando en llegar a Juliaca, y punto final. Nunca se debe dar por terminado nada si no ha terminado. Pasamos la frontera y llegamos a territorio peruano. Estábamos ya en Desaguadero peruano. No había bus para viajar. Y con mi voz gutural me dije: ¡Qué cojudo”.
-          Debemos almorzar…¿No crees?
-          Sí…no hay problema.
Qué fácil. Y yo haciéndome un mundo. Pero debo tener cuidado, no seas triunfalista. La experiencia te ha enseñado que no debes cantar victoria hasta no haberla conseguido totalmente.
En el restaurante, ella pidió un plato de chicharrón y una cerveza. Para mí sólo un chairito, pero señorita que esté bien calientito, por favor y la cerveza, señorita, heladita y con dos vasos de cristal.
-          También tomarás cerveza, verdad…entonces, que traigan dos… -habló muy lentamente pero segura lo que decía.
Pagamos la cuenta y nos retiramos para ir al paradero. Cuando llegamos, la delegación de docentes estaba en corrillo discutiendo algunos temas. La flaquita se asustó, y cogiéndome la mano, me arrastró muy lejos de ahí.
-          Y ahora qué hacemos…no quiero que me vean.
 Ingresemos a ese restaurante que tenía una banderita colgada de un palito enclenque en la puerta principal. Estaba regocijante.
-          Señorita, una cerveza y una gaseosa- casi gritó.
-          ¿La gaseosa de a litro?
-          La que desee…
-          Pero tienen que consumir pollo a la brasa…
-          No se preocupe, señorita…si me atiende bien, yo le daré a usted una propina, ok…
Llenó el vaso. Brindó por el viaje y por la alegría de volver a su Perú.
-          Ese conejo no me gustó para nada- dijo, y continuó- Malita, muy malita la comida boliviana. La cerveza ni la probé. Me puse a bailar y a extrañarte. Quería estar para darte cólera. Pero cuánto me hubiera gustado estar ahí contigo, bailar y tomar unos cuantos traguitos, pero quería divertirme contigo, te lo juro…Bueno ya pasó…como dijo periquito divertámonos un poquito, no crees.
Estaba en silencio. No podía creerlo. Ella llevaba la batuta. Estaba alegre porque sus ojos y sus manitas se movían locamente. Razón tenía mi abuelo Pinganilla. Tienes que ser perseverante hasta la victoria final.
La cabeza pequeña de mi abuelo se perdía entre anchos hombros. Su contextura era gruesa. No era tan alto, pero su voz gruesa e impositiva daba mucho miedo. Todo animal que criaba era de raza. Chanchos grandazos que parecían burros. Los perros gran danés asustaban a los clientes que llegaban a comprar mondonguito a su pareja doña Eudoviges. Era una mujer callada, y todo lo que el abuelo decía la pobre mujer corría para cumplir las órdenes que don Pancho le daba.
Trabajaba como capataz de la familia Dall Orzo. Montado en un caballo blanco muy alto. Don Pancho se creía dueño de esas tierras que él cuidaba. No permitía que nadie cruzara por eso lares. Algunos le decían El diablo, por su maldad.
-          Señores, es mi trabajo y yo lo cuido, por eso me pagan. Ni ustedes ni mis familiares van a impedir que cumpla con mis deberes. Ya saben, carajo. Nadie me va a venir a joder…
Un día el mar embraveció, y los pescadores artesanales no podían ni debían salir a pescar. En el muelle los estibadores y lancheros tampoco trabajaron. Los trabajadores se pusieron a tomar chicha y se emborracharon. Al día siguiente, el mar seguía bravo y los lancheros y estibadores seguían bebiendo chicha, pero ahora la fiaban. Los jóvenes nos dedicábamos a ir al colegio y, por la tarde, a jugar pelota.
Pasaron así tres días y las madres de familia ya estaban preocupadas porque escaseaba el pescado que era el sustento principal. No ingresaba dinero y sólo salía para la chicha y algunas cervezas. La situación económica estaba poniéndose color de hormiga. Ya no había pescado salado en los mulos. Los pescadores miraban desde los cerros al mar que no bajaba la marea. Los rostros estaban hinchados y con un color negro marrón.
-          Oscar, vamos a tirar atarraya a los pozos de Dallorzo.
-          Estás cojudo…mi abuelo nos mata.
-          No pasará nada…vamos le diremos que nos permita cazar unos cuantos pescaditos y nada más.
En esos pozos había mojarras, cholcoques, bagres, lifes. Peces muy apetecibles. Comer unas panquitas de lifes era para chuparse todos los dedos. Los cortaban en pedacitos. Les ponían cebollita de rabo picada. Mantequita. Ají rojo y amarillo, vinagrito de Castilla, culantrito bien verde y otros condimentos que servían para darle el gusto exquisito. Los embalaban en pancas de choclos y, sobre carbones rojos y ardientes, se cocían.
-          Vamos…llevas tu atarraya y si pasa algo, él, tu abuelo, te la devolverá.
-          Ël siempre ha dicho que no le interesan los amigos ni familiares.
Montados en sendos burros fuimos a los terrenos de Dallorzo. Alegres, bulliciosos. El sol estaba encima de nuestras cabezas, pero íbamos a pescar para traer pescadito para el almuerzo, abuelito.
-          Qué abuelito ni abuelito, fuera de aquí.
-          Soy Oscar, hijo de tu hija Inés…
-          ¡Qué Inés de mierda! –gritó el abuelo sin bajarse del caballo
-          Estas atarrayas quedan conmigo y váyanse antes que les meta el caballo…
Salimos disparados.
-          No te dije que mi abuelo era un maldito.
-          ¡Es una mierda!






-Señores, vengan por acá- nos dijo la mesera muy seria.
Nos llevó al segundo piso de la pollería. Era un lugar tranquilo, lleno de silencio y, para nosotros, una música calladita, amorosa. Nos miramos y nuestros cuerpos se juntaron porque ellos querían estar juntos.
-Abríguense con esto- nos arrojó a nuestras piernas un manto de hilo de diversos colores atractivos y con dibujos incaicos.
La cerveza estaba cantarina. La música se acercaba a nuestros oídos y nos acariciaba. Solo el rechinar del piso de madera nos hería el ambiente. Pero estábamos contentos.
-Yo no sé cómo y por qué hago esto. Jamás he bebido. Jamás he engañado a mis padres. Nunca me he alejado tantos días de mi casa y, ahora, lo hago contigo…
-Ya… ya…
- ¿No me crees, verdad?
-Sí… sí te creo…
-No sé qué me está pasando…
-Ya…ya…
-Y me da ganas de pedirte algo imposible…
-¿Qué...?
- Mejor… no…no…no
-¿No confías en mí?
-¡No..! ¡No..! No es eso…
-Ya, dime
-Mejor… ¡Abrázame!
-¿Qué?
-Que me abraces- y se arrinconó en mi hombro izquierdo.
Con mucho miedo y temeroso levanté mi brazo y lo puse sobre su hombro.
-¿Estás temblando?
-¡No..!
Recuerdas que te dije que es flaquita como rama de eucalipto. Pues estaba temblando y, ahora, no la sentía así porque quería salir volando como un cobarde. ¡Qué experiencia y qué experiencia! Ella se sentía mi dueña. Y era mi dueña. Mis nervios, mis huesos eran de ella.
-¿Puedo ir al baño?
- Claro…
En el baño, me puse a miccionar y levanté la cara. Cerré los ojos. Cuando terminé sacudí mi miembro y me di cuenta que estaba muy serio, casi preocupado. ¡Qué, carajo! Esta flaca de mierda me va a vencer. Esta anchoveta escuálida como le dice un amigo, me va a ganar. Solo eres un gran cojudo, un gran cojudo, eso eres. Levanta los hombros y déjalos caer, tres veces como dices tú. Ahora, a enfrentarse a esa flaca de mierda, a esa linda flaquita, y salga lo que salga porque así lo quiere Dios.
-Abrázame… no pasará nada malo, te lo aseguro.
Bebimos y bebimos. Cantamos y cantamos. Le cogía sus duras rodillas y de vez en cuando le pasaba mis gruesos dedos en su ombliguito tan pequeñito.
-Ahora ya les sirvo el pollo
-Señora, nosotros le avisamos, por favor…
La tarde se cargaba de oscuridad. Su aliento me acariciaba. Casi ya no se escuchaba la música y solo los dos nos acariciábamos con nuestras miradas desconcertadas. Dios, y ¿ahora qué hago? Lo que hacen los hombres cuando quieren vivir felices. Y así con su aliento caliente y sus huesos fríos, mi mano recorrió sus caderas y la manta calló al suelo. Me miró la flaquita y sonrió.
-¿Sabes lo que vas hacer?
-¡Diablos!.. Disculpa.
Levanté la manta colorida y volví a ponerla sobre nuestras piernas. Bebí apresuradamente un vaso de cerveza. Sentí que sonreía, que se burlaba…
-¡Señora..!
-¡Señora--¡
“Cuando sea profesora, seré profesora. Estudiaré y estudiaré. Me matricularé en otros cursos, volveré a matricularme, estudiaré y volveré a matricularme. No quiero ser una profesora mediocre. Viajaré. Conoceré otros mundos. Dios no me abandonará porque jamás haré daño a nadie. Si me caigo, me levanto. Y si no me caigo, me empino, sin soberbia. Ayudaré a quien merece mi ayuda. Si alguien me regala un pañuelo, yo le regalo una frazada, pero todo con amor, sí, señor. Y hoy día no voy a llorar porque esta vida mía me necesita enterita. Quiero entender que yo soy dueña de este pedazo de carne flaca, de huesos fríos, pero estoy llena de amor, de mucho amor…”


Mi hermana estudia en Bolivia, y me dice: Brujis. Es interesante. Le gusta la Medicina y eso está preocupada. Es bonita y, sabes,  es más gordita que yo.
-          ¿Y tiene tu misma naricita?
-          ¡No!- Malo…
Cuando llega de Bolivia y me pregunta sobre mis estudios y quiere saber si tengo enamorado. Aveces, me pongo rojita, y me dice:
-          ¡Ah, picaroncita..!
Me tumba sobre la cama, me hace cosquillas, se sube sobre mí y terminamos en el suelo en una sonata de risas y palmadas.
Mi madre, con su delantal blanquito, abre la puerta del dormitorio. Nos ve en el suelo, grita con una alegría de madre cariñosa. Nos paramos rápidamente y la abrazamos y la despeinamos con nuestras manitas risueñas. ¡Qué calor de hogar!

Mi hermano, es odontólogo. Recién ha abierto su estudio. Tiene pocos clientes, pero es un amor de dentista, porque aún sabiendo que necesita dinero para comprar sus libros no cobra a sus clientes que no pueden pagar a un especialista en salud.
-          Ahora yo me siento mal que esté en este estado y bebiendo con una persona muy adulta, pero yo te aprecio y me encanta estar contigo. Verdad. ¿No me crees, verdad?
Me da ganas de interrumpir esta sesión. Debo pagar la cuenta y que vaya a dormir a un hostal.  La señora queda contenta. Nos aconseja como un familiar muy querido, y nos despide:
-          Cuídense…abríguense que hace mucho frío…

Conversamos con el dueño del hostal. Pido dos cuartos. Ella dice uno. Repito y digo dos. El propietario nos mira y se está molestando.
-          Yo pago, señorcito…entonces, hágame caso a mí…y aquí está su propina…
-          Bien…
Ingresamos al cuarto. Está frígido. Ella se arroja a la cama, desarmada y con ganas de gritar su triunfo. Se mete entre las frazadas de lana y de hilo, y me grita:
-          ¡Ven, no seas cobarde! ¡Qué te puede hacer una mujercita flaquita! Que ese chico que me viste hace algunos días cuando tú estabas esperando tu micro, ese chico fue mi enamoradito, por muy poco tiempo
-          Pero te tenía de tu manita, y estaban contentos…
-          ¡No!...¡No…!

Y comenzó a hablar y me dijo que mucho tiempo quería estar con un enamorado  que la quisiera, la apoyara, que la hiciera sentirse amada.  Que el hombre la besara sin medida hasta morir, pero que no sentía nada de nada. Se sentía vacía, y que no comprendía por qué sus amigas hablaban tanto del amor y de sus hombres, y ella no encontraba quién la quisiera o sentirte contenta y amada. Me tendí al lado de ella, y  me abrigó con las mismas frazadas que le daban calor. Su aliento no era agradable, pero sus palabras susurraban un mundo de ternura. Y me dijo que estaba buscando un hombre que la hiciera sentirse muy mujer. Y que dónde podría encontrarlo. Comenzó a llorar, sin decir palabra alguna. No sabía yo qué hacer: limpiarle sus lágrimas, decir palabras de consuelo. Me quedé callado, y la dejé con su mundo de lágrimas e impotencias.