viernes, 30 de abril de 2021

MADRE

 Basta que una madre vea sonreír a su hijo para convencerse de la realidad de una felicidad suprema . La bondad de la Providencia se muestra por entero en la cuna del hombre. ¡Cuán tiernas coincidencias! ¿Y no serían sino un mero efecto de una insensible materia? Nace el niño, y el pecho que ha de alimentarle está lleno; la boca del tierno convidado  no está armada, para que no lastime la copa del banquete maternal; crece, y la leche se hace más nutritiva; se le desteta, y la maravillosa fuente se agota. Aquella mujer, poco antes tan débil, ha adquirido súbitamente  fuerzas bastantes a soportar fatigas que no pudiera resistir  el hombre más robusto. ¿Qué es lo que la despierta en medio de la noche, en el momento mismo en que su hijo  va a pedir el acostumbrado  sustento?¿De dónde le procede ese tino ingenioso de que anteriormente carecía? ¡Cómo toca, sin romperla, esta delicada flor! Sus inteligentes desvelos  parecen fruto de la experiencia de toda la vida; y no obstante, aquél es su primogénito! El más leve rumor asustaba a la doncella: mas, ¿do están las armas, los rayos y los peligros capaces de intimidar a la madre? La madre necesitaba una alimentación regalada, un traje exquisito, un blando lecho; el más leve soplo la incomodaba: madre ahora, un pan grosero, un vestido tosco, un puñado de paja, la lluvia y los vientos, nada le importan, mientras tenga en sus pechos una gota de leche para alimentar a su hijo, y en sus harapos un pedazo que baste a abrigarle.

domingo, 13 de diciembre de 2020

 

QUE SE PRIVATICE A TODOS

SARAMAGO

Que se privatice Machu Picchu, que se privatice Chan Chan, que se privatice la Capilla Sixtina, que se privatice el Partenón, que se privatice Nuno Gonçalves, que se privatice la catedral de Chartres, que se privatice el Descendimiento de la cruz de Antonio da Crestalcore, que se privatice el Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela, que se privatice la cordillera de los Andes, que se privatice todo, que se privatice el mar y el cielo, que se privatice el agua y el aire, que se privatice la justicia y la ley, que se privatice la nube que pasa, que se privatice el sueño, sobre todo si es diurno y con los ojos abiertos. Y, finalmente, para florón y remate de tanto privatizar, privatícense los Estados, entréguese de una vez por todas la explotación a empresas privadas mediante concurso internacional. Ahí se encuentra la salvación del mundo... Y, metidos en esto, que se privatice también a la puta que los parió a todos.

MADRE

 Basta que una madre vea sonreír a su hijo para convencerse de la realidad de una felicidad suprema . La bondad de la Providencia se muestra...