jueves, 2 de julio de 2020

CIEGO FLORES



- ¡Al ciego Flores le han robado su bicicleta!. ¡Muchachos, al ciego le han robado su bicla!
- ¡ Por la puta madre!
Usaba lentes cuadrados. Y se le reconocía porque decía: este poquito de cerveza para la tierrita y arrojaba la cerveza al suelo, con dirección por donde nace el sol. Este otro poquito para que no se muera, y exparcía con sus dedos delicados y viejos un poco de cerveza en la bragueta del pantalón: "para que no se me muera" y, terminaba arrojando unas gotitas de esa bebida en su culo flaco, diciendo: "para que no sea maricón"... y los amigos aplaudían fuertemente.
- ¿Quién robaría esa máquina vieja, carajo?
- ¡Dejen chupar tranquilo!
- ¡Qué compre otra con el dinerito que hoy ha ganado; puede comprar hasta una moto!
- ¿Qué pasa, señores?- preguntó desde su viejo mostrador el dueño del establecimiento y estiró el delgado cuello.
- Que usted no cuida las cosas de sus clientes, y ya se llevaron la bicicleta del Director. Usted solo se preocupa que le paguen muy puntual, y punto. Así no es, señor.
Y el "Manco", que no es manco porque él lo dice así, saltó con un gran salto encima de la mesa y llegó a la calle.
- ¡Por la mierda, no hay nadie..!
La oscuridad de la noche se imponía con un abrazo amoroso a los clientes de esa tienda. Los tragos ya habían sembrado la alegría en esos hombres necesitados de compañía y de chismes. Era un sitio apropiado para la conversación silenciosa llena de groserías y de sexo y de experiencias recorridas y no recorridas, pero los tertulianos gozaban con la vulgaridad, la lujuria y los sueños que todo borracho quiere alcanzar.
Y la noche corrió a los habitantes de Juliaca a sus casas. Y los borrachos permanecían en esa noche como si esperaran un acontecimiento histórico grandioso.
Hablaban de por qué nos habían agarrado de cojudos. De por qué no éramos más prevenidos. De que nos damos de buenos docentes y mejor estrategas y unos lorchos nos roban la bicla al pendejo del director y al astuto "Manco".
- ¡Qué carajos, somos unos cojudos o que mierda somos!
- ¿Es verdad que le han robado al manquito?
Sucedió que en unas de esas reuniones de camaradería, salieron de la tienda, con sus traguitos, el "Toro", el "Negro", Manco, el "Ciego" y el "Mono". Se dirigían a una tienda que estaba en el centro de la ciudad de Juliaca. La noche estaba muy fría y oscura. Los amigos conocían el camino y los tragos amontonaban las palabras en las bocas de esos borrachos, pero iban bien contentos. De eso, a Dios hay que agradecerle. Es su mundo. Él sabe lo que hace. Conduce a los hombres y, especialmente a los borrachos por el mejor de los caminos y de las metas.
Y Dios sabe cuándo los borrachos deben llegar a sus casas y cuándo deben mear en las horas de este mundo. Y así fue que la uretra del "Toro" comenzó a rechinar como bizagra de puerta despintada. Y sin más, dejó a su amiga bicicleta arrecostada al poste de luz. Y, como buen profesor, se alejó a un lugarcito más oscuro. Y se puso a orinar. Y fue ese sonido bendito del mear que hizo que su aparato urinario del "Manco" le provocara el gran deseo de mear. Entonces, encima de la biciletita del "Toro" puso la suya, que era más grande y más cara y se acercó como un gran amigo al "Toro" y lo abrazó. Orinaron muy juntitos. El aliento del "Manco" caía como catarata sobre la del "Toro". Eran arequipeños de pura cepa. Los demás borrachos seguían caminando en medio de la calle.Iban muy contentos. Alegres. Estúpidamente felices.
- Oye, mierda, deja la bicicleta...
El "Manco" vio como el amigo de lo ajeno se montaba sobre su cara bicicleta y comenzaba a pedalear para perderse por una de calles oscuras de la noche juliaqueña.
- ¡Qué pasa, coño!
- ¡Se llevan la bicicleta del "Manco"- gritó el "Toro".
Quién iba a manejar si estábamos borrachos. Para qué el "Manco" compra biclas veloces y caras, que se joda, pues. Y por qué chuccha mean alejados de sus biclas, que se jodan por cojudos. Y la noche se reía con su risa diabólica en nuestras cabezas borrachas.
- Pero por una bicicleta, no vamos a dejar de terminar nuestra noche como Dios manda. Siguieron caminando bien agarrados de sus compañeras de montar y llegaron a la tienda. La conversación sólo fue eso. De la bicicleta robada, por meones, por arequepeños cojudos. Se hablaba de falta de compañerismo y de lealtad. Se hablaba de la huevadita de bicicleta del "Toro" que era tan pequeñita y que por culpa de su tamaño se estaba jorobando este gran profesor de educación primaria, formador de otros profesores que serían mejores que él. ¡Nadie debería hablar de este gran acontecimiento, como bandera de compañerismo!
- ¿Y dónde está ese compañerismo, mis queridos camaradas? ¿Dónde está la ayuda mutua? ¿Dónde está la confraternidad en los momentos que los demás lo necesitan?
- Ciego, no seas vivo, carajo...
- ¿Comunistas? Ahora quiero verlos..¿Dónde está el uno para todos y todos para uno?
- Oye, Ciego, esto es borrachera...no es lucha de clases...
- Qué lucha de clases, ni qué lucha de mierda...ustedes me ayudarán a comprar otra bicicleta...
- Ciego, no seas pendejo, tú bicicleta tiene la edad de tu primer polvo, no jodas...
- ¡Yo soy el poder! ¡Ustedes, mi poder legal! Ustedes han sido nombrado por los otros maestros para que disfruten conmigo.
- Ciego, pero tú te la llevas toda...
- Sí...Así es...
- Y cuando nos das ese alguito te invitamos y tú, pendejo, chupas gratis...así no es, Ciego...
- Fácil, entonces...dejen el cargo, y punto...mañana me dejan el cargo, ya oyeron...
- Tú no nos has dado el cargo. Ha sido por elecciones, verdad muchachos...
- ¡Así es!- gritaron como niños de primaria los borrachos que comenzaban a abrir sus ojos soñolientos...




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